Método científico

El método científico es una abstracción de las actividades que los investigadores realizan, concentrando su atención en el proceso de adquisición del conocimiento (Efi de Gortari, 1980).

Pero, ¿no debería, más bien, afirmarse que el método científico es llevado a cabo por, valga la redundancia, científicos? ¿Por qué, entonces, Efi de Gortari refiere a los investigadores? ¿Un científico y un investigador aluden a un mismo sujeto?

Comencemos por definir sus roles:
  • Científico. Persona que ha estudiado una ciencia; en particular, una persona que participa activamente en un campo particular de investigación.
    Fuente: Diccionario del Instituto Nacional del Cáncer. Sitio web https://www.cancer.gov/espanol/publicaciones/diccionarios/diccionario-cancer/def/cientifico
  • Investigador. En investigación, persona que dirige un ensayo clínico o estudio de investigación. El investigador prepara y lleva a cabo el protocolo (plan) del estudio, vigila la inocuidad (seguridad) del estudio, recoge y analiza los datos e informa sobre los resultados del estudio. Los investigadores son médicos, científicos, enfermeros y otros miembros del equipo de investigación. Algunos ensayos clínicos o estudios de investigación cuentan con más de un investigador y, por lo general, uno de ellos es el investigador principal que está a cargo de todo el estudio.
    Fuente: Diccionario del Instituto Nacional del Cáncer. Sitio web https://www.cancer.gov/espanol/publicaciones/diccionarios/diccionario-cancer/def/investigador

A partir de ello, podemos concluir que ambos sujetos participan activamente (en mayor o menor medida) en la investigación... y el conocimiento es el primer legado de la investigación científica.

Todo conocimiento científico se caracteriza por ser:

  • Observable. Entendido como algo apreciable o perceptible. Presupone la existencia de un mundo exterior cognoscible.
  • Medible. Que puede ser medido, es decir, que puede compararse la unidad de medida con un patrón determinado.
    "Lo que no es medible no es ciencia."
    -Ernest Rutherford
  • Cuantificable. Que puede asignársele un valor numérico y que por tanto puede conocerse de manera exacta (y no aproximada o estimativa).

Para garantizar dichas características, se requiere seguir etapas que permitan corroborar la veracidad del contenido que se obtiene y, posteriormente, divulga. 

Un objetivo clave de un profesional es lograr una adecuada gestión de la información. Sería irresponsable y falto de ética difundir datos erróneos o imprecisos, puesto que ello implica desinformar a la audiencia.

Como plantea Ponjuán (2002), la calidad de la información debe estar en el primer lugar de su alcance para que se asegure el cumplimiento de los objetivos, y su contribución al funcionamiento de las organizaciones y comunidades donde se desarrolle.
Fuente: Ponjuán G. (2002). Gestión de Información: precisiones conceptuales a partir de sus orígenes. Sitio web: https://www.researchgate.net/publication/260708514_Gestion_de_informacion_precisiones_conceptuales_a_partir_de_sus_origenes

Considerar que:

  • Ningún método puede considerarse como definitivo y menos aún como universal. La universalidad no es sinónimo de objetividad (Tomás, s.f.).

Por lo tanto, existen varias maneras de explicar qué es el método científico. En el recurso que se manejará en la presente entrada, se desglosará la propuesta: observación → hipótesis → experimentación → teoría → ley.
Cabe recalcar que la investigación corresponde a la etapa de experimentación.

Recurso: psicología y método científico.
Enlace: 
https://drive.google.com/file/d/1OejYWeJ2JTg-zt9N3mIWdwQVupQsxyBR/view?usp=sharing

Asimismo, a continuación, me permito compartirles la perspectiva de Isaac Asimov:

¿Qué es el método científico?

Evidentemente, el método científico es el método que utilizan los científicos para hacer descubrimientos científicos. Pero esta definición no parece muy útil. ¿Podemos dar más detalles?

Pues bien, cabría dar la siguiente versión ideal de dicho método:

  1. Detectar la existencia de un problema, como puede ser, por ejemplo, la cuestión de por qué los objetos se mueven como lo hacen, acelerando en ciertas condiciones y desacelerando en otras.
  2. Separar luego y desechar los aspectos no esenciales del problema. El olor de un objeto, por ejemplo, no juega ningún papel en su movimiento.
  3. Reunir todos los datos posibles que incidan en el problema. En los tiempos antiguos y medievales equivalía simplemente a la observación sagaz de la naturaleza, tal como existía. A principios de los tiempos modernos empezó a entreverse la posibilidad de ayudar a la naturaleza en ese sentido. Cabía planear deliberadamente una situación en la cual los objetos se comportaran de una manera determinada y suministraran datos relevantes para el problema. Uno podía, por ejemplo, hacer rodar una serie de esferas a lo largo de un plano inclinado, variando el tamaño de las esferas, la naturaleza de su superficie, la inclinación del plano, etc. Tales situaciones deliberadamente planeadas son experimentos, y el papel del experimento es tan capital para la ciencia moderna, que a veces se habla de «ciencia experimental» para distinguirla de la ciencia de los antiguos griegos.
  4. Reunidos todos los datos, elabórese una generalización provisional que los describa a todos ellos de la manera más simple posible: un enunciado breve o una relación matemática. Esto es una hipótesis.
  5. Con la hipótesis en mano se pueden predecir los resultados de experimentos que no se nos habían ocurrido hasta entonces. Intentar hacerlos y mirar si la hipótesis es válida.
  6. Si los experimentos funcionan tal como se esperaba, la hipótesis sale reforzada y puede adquirir el estatus de una teoría  incluso de una «ley natural».

Está claro que ninguna teoría ni ley natural tiene carácter definitivo. El proceso se repite una y otra vez. Continuamente se hacen y obtienen nuevos datos, nuevas observaciones, nuevos experimentos. Las viejas leyes naturales se ven constantemente superadas por otras más generales que explican todo cuanto explicaba la antigua, y un poco más.

Todo esto, como digo, es una versión ideal del método científico. En la práctica no es necesario que el científico pase por los distintos puntos como si fuese una serie de ejercicios caligráficos, y normalmente no lo hace.

Más que nada son factores como la intuición, la sagacidad y la suerte, a secas, los que juegan un papel. La historia de la ciencia está llena de casos en los que un científico da de pronto con una idea brillante basada en datos insuficientes y en poca o ninguna experimentación, llegando así a una verdad útil cuyo descubrimiento quizá hubiese requerido años mediante la aplicación directa y estricta del método científico.

F. A. Kekulé dio con la estructura del benceno mientras descabezaba un sueño en el autobús. Otto Loewi despertó en medio de la noche con la solución del problema de la conducción sináptica. Donald Glaser concibió la idea de la cámara de burbujas mientras miraba ociosamente su vaso de cerveza.

¿Quiere decir esto que, a fin de cuentas, todo es cuestión de suerte y no de cabeza? No, no y mil veces no. Esta clase de «suerte» sólo se da en los mejores cerebros; sólo en aquellos cuya «intuición» es la recompensa de una larga experiencia, una comprensión profunda y un pensamiento disciplinado.

 Fuente: Asimov, I. (2019). Cien preguntas básicas sobre la ciencia. Editorial Alianza.

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